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domingo, 6 de mayo de 2012

Danza macabra.



Hace un par de años Jorge A. Aguiar (JAAD) me regaló el documental La Otra Cuba, de Orlando Jiménez Leal. Lo adoré por la historia 'paralela' que pude vislumbrar. Desde entonces soy ferviente coleccionista de datos y anécdotas que puedan irconformando un mapa de esa historia cubana 'otra', de tan difícil acceso por estar tan dispersa su información. Espero con ansias un libro que recoja un retrato preliminar de los no contados (al menos para el incilio cubano) antecedentes históricos de la Cuba de hoy.

LA MUERE ES VERDAD CUANDO SE HA CUMPLIDO MAL LA OBRA DE LA VIDA.


"Fue una generación muertera. Pusieron por delante su propio cuerpo y, por supuesto, también el cuerpo impropio de los demás: esa masa amorfa, el pueblo o como se le quiera demagógicamente invocar... En Cuba la acción social, a favor o en contra de nuestra patria tan pétrea, siempre se ha vinculado al gesto patético de perecer." -- Orlando Luis Pardo Lazo.

Por el momento, me conformaría con una recopilación de semblanzas de exiliados cubanos. Quiénes fueron dentro, cuándo se fueron, por qué y qué fue de su vida fuera de la Isla?

Pedro Luis Díaz Lanz, legendario piloto cubano se suicidó en Miami de un balazo en el pecho.


"Tenía 81 años, pobre y decepcionado, golpeado por trastornos emocionales que habían afectado seriamente su salud en los últimos años.

Pedro Luis garantizó los mayores abastecimientos de armas para los rebeldes de Sierra Maestra, fue jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria en enero de 1959 y se convirtió en el primer desertor de alto rango que alertó sobre el rumbo comunista de Fidel Castro."

Tristeza por los cubanos abandonados al exilio y la culpabilidad eterna. Recuerdo a Carlos Franqui, muerto también en el exilio sin nunca ver a Cuba libre. El fue narrador del documental "La Otra Cuba". El director, Orlando Jimenes Leal censurado en Cuba por su otro documental, PM. Al que siguieron las famosas "Palabras a los intelectuales" de Fidel.

"Y La Habana era una fiesta..." Carlos Franqui, un hombre solo. Orlando Jimenes-Leal sobre la muerte de Franqui.

"En los primeros meses de 1959, Carlos había bajado desde la Sierra Maestra para dirigir el periódico Revolución. Cuando las libertades se fueron apagando, su amor a la justicia pesó más que cualquier tipo de beneficio dado por un poder cada vez más espurio; poder que él salió por el mundo a denunciar con una vehemencia que era también un exorcismo y una declaración de principios.Por el resto de su vida sería un batallador solitario contra la tragedia que él había contribuido a crear con su entusiasmo (...)
Así, solo y tenaz, acaba de rendirse a la muerte. Soñaba con Cuba, seguramente, que, era a la vez su sueño y su pesadilla. Jamás renunció a la gran esperanza para su Isla, a la que no volvió." -- Orlando Jimenes-Leal


También recordé a Guillermo Rosales, muy buen escritor también suicidado en el exilio miamense, pegándose un tiro el 6 de julio de 1993. En Miami se le declaró incapacitado para trabajar por problemas mentales, y pasó los últimos años de su vida de asilo en asilo. de la generación de Reinaldo Arenas, como a Nicolacito Guillén Landrián, en Cuba lo metieron preso en un sanatorio y lo volvieron loco. A Nicolacito, un genio del cine cubano, le destruyeron literalmente la vida. Nunca más pudo filmar.


"Rosales en su juventud escribió sus primeros cuentos en Mella, la revista de la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Perseguido en Cuba, maltratado allí en hospitales psiquiátricos a los que no siempre se entraba loco y de los que rara vez se salía cuerdo, fue un perdedor crónico también en los Estados Unidos.

Desterrado, esto es: un hombre sin tierra, llegó a Miami con los Marielitos, el pelo largo y sin saberse vestir como debe vestirse una persona “normal” y trabajadora. Incapaz de aceptar como propio el mito del cubano vencedor, Guillermo Rosales fue apartado por su propia familia de la vista pública y aparcado en un boarding home."


A propósito de Boarding Home, por Juan Carlos Castillón.


"No faltan entre los exilados antiguos combatientes de la Sierra Maestra, viejos comunistas del PSP, ex milicianos, ex alfabetizadores, ex miembros del Partido, ex revolucionarios. Gente que sacrificó su juventud, su futuro, y el de su país, tratando de forzar la historia, para acabar aplastados por ella. ‎Cuanto más sinceros fueron de jóvenes, peor lo pasan ahora en medio de una ciudad en la que todos, sepan o no su pasado, les recuerdan a cada paso su fracaso, Sobre ese fracaso parece construirse una nueva dictadura. Si en su juventud fueron oportunistas, ahora no sólo han sobrevivido sino que incluso han progresado; si en su juventud fueron sinceros tienen que estar, finalmente, entre los seres más infelices del exilio.

¿Y los alfabetizadores, los que creyeron en la nacionalización de la Coca Cola o el Bacardi, los que en un momento de locura o entusiasmo se hicieron CDRs, y ahora no saben escribir libros con los que disculparse? Miami está llena de gente que incluso en medio del éxito económico de su comunidad — ¿cuantas comunidades desterradas han llegado a ser de clase media en solo una generación? — saben, aunque no lo confiesen, que su principal contribución a ese éxito no está en la forma en que han trabajado en Estados Unidos sino en todo lo que ayudaron a destruir en su país natal." -- Juan Carlos Castillón



Juan Carlos Castillón, hablando de la muerte de rosales, expresó algo que era lo que más tristeza me daba pero yo no sabía definirlo. Y es que al morir fuera de Cuba, sin verla libre, no solo morían frustrados por no poder contribuir a reconstruirla, por no ver vengados y triunfantes a sus compatriotas. Hay debajo un drama personal aún más trágico: el morir con la culpa, sin haber podido expiar sus pecados, porque no hay arrepentimiento suficiente que pueda compensar todo lo que contribuyeron a destruir su país. Para mí esa es una tragedia personal que lleva al suicidio.


La Revolución no solo les robó la vida, obligándolos a sufrir o amar Cuba desde la distancia y la nostalgia, si no que en la muerte tampoco los dejó alcanzar la paz, ni morir tranquilos, ni descansar a sus almas.


Estoy escribiendo el biopic de una talentosa poeta del siglo XIX, perdida para la cultura cubana a causa de la guerra cuando empezaba su vida. Llevo siempre la marca de la pérdida: de ese país perdido, de nuestra cultura perdida. Leer sobre los que murieron sin recuperar su patria me hace cuestionarme la necesidad de ir tan atrás en el tiempo para narrar ese vacío.

Me aterra profundamente compartir al final de mis días su misma suerte. He escuchado muchas veces que 'el tiempo está de nuestra parte', sin embargo, hay veces que dudo. Tantos antes que nosotros han repetido para sí el mismo mantra sin que este les salvara de la desolación y el eterno exilio.

Salí de Cuba porque el destino del que nace y muere bajo la Revolución, sin conocer nada más, me parecía insostenible, pero nunca estuve segura de que fuera preferible el exilio. Tampoco lo estoy ahora. El miedo a lo que nos espera en el futuro me rodea con la misma intensidad con que me impulsan las ganas de vivirlo.

-- Elena V. Molina

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