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martes, 22 de septiembre de 2009

Taking Woodstock: una película sobre hippies

El director Ang Lee en San Sebastián. (Imagen: Javier Etxezarreta/EFE)

Ang Lee: "El cine es mi droga, mi curación"

Una película sobre Woodstock en la que, sin embargo, no aparece material de archivo ni se escucha a Hendrix ni Janis Joplin.

El director taiwanés Ang Lee, responsable de una variada filmografía en la que destacan títulos tan diferentes como Hulk, Brokeback Mountain o Deseo, peligro, firma ahora una amable comedia ambientada en el histórico festival de música del verano de 1969. Lee, extremadamente educado, pasó por San Sebastián para presentar la cinta, que se estrena en toda España este viernes.

¿Cómo puede rodarse una película sobre hippies sin mostrar, a estas alturas, cinismo?
Cada mañana me levanto intentando divertirme sin ser cínico, y es verdad que no es fácil. Es difícil no ser cínico cuando uno es mayor, menos ingenuo, e intenta hacer una comedia con pretensiones y no como las de Jim Carrey. Mi sentido del humor consiste en colocar a los personajes en situaciones cómicas. Ellos no son cómicos, ni particularmente graciosos, pero sí las situaciones que viven.

Los jóvenes de hoy en día son más sobrios, tienen más conocimiento de lo que les rodea que nosotros en esa época.

También los jóvenes actuales son más cínicos que los de entonces...
Tengo dos hijos, de 25 y 19 años, y al compararlos con los de esa época, o conmigo a su edad, son mucho más maduros. Los jóvenes de hoy en día son más sobrios, tienen más conocimiento de lo que les rodea que nosotros en esa época. Se drogan, probablemente más, y siguen haciendo cosas a espaldas de sus padres, pero es verdad que son más realistas. Y menos soñadores.

¿Cómo preparó la película?
Por lo general, empiezo contratando a un experto en el tema sobre el que quiero rodar. Para Destino Woodstock fue un inglés, David Silver, que sabía mucho de la época, de las drogas, de la música de entonces. Por supuesto, también vi el clásico documental Woodstock, otras películas y muchas fotos. Después, intenté transmitirle todo eso a mi propia dirección, a los actores y a los 500 figurantes que durante varias semanas trabajaron en el rodaje.

¿Cómo se transporta a tanta gente a 1969?
Monté una especie de academia hippie en el rodaje. Ahí intentamos enseñarles todo sobre la época: no sólo a ponerse determinada ropa sino también a bailar, a moverse... Además, les dimos lecciones de historia, con todos los hechos importantes ocurridos antes de ese verano que terminaron provocando ese momento histórico.

¿Qué hacía usted ese verano del 69?
Tenia 14 años y vivía en Taiwan, al lado de una base americana. De ahí salían soldados que iban a la guerra de Vietnam. Recuerdo ver un poco del festival en casa, en una televisión en blanco y negro, y me pareció todo muy cool, pero mi entorno era muy conservador. Yo, y todo lo que me rodeaba, era muy inocente.

Mis hijos me animaron a probar hongos alucinógenos para que entendiera mejor el asunto, pero me negué: una película es algo muy serio como para andar por ahí alucinado.

¿Y cuándo vivió su propio Woodstock?

Con 23 años, cuando viajé a EE UU a estudiar teatro. Ahí leí mi primer libro comunista, y me di cuenta de que los comunistas no eran muy buenos. Y, a través de obras de teatro que organizábamos, también me enfrenté con menos complejos a la sexualidad. Respecto a las drogas, siento decepcionarte: no las he probado. Ni siquiera para rodar una escena, como en la película, sobre el LSD. Hasta mis hijos me animaron a probar hongos alucinógenos para que entendiera mejor el asunto, pero me negué: una película es algo muy serio como para andar por ahí alucinado. Además, no se me da muy bien liberarme de mis complejos. Intente enfrentarme al sexo en Deseo, peligro y salí todavía mas reprimido; pero es cierto: me enfrento a través del cine. Esa es mi droga, mi  curación.

Dicen que su hijo estuvo en la proclamación de Obama, y que le dijo que era  parecido a Woodstock. ¿Usted también lo cree?
Woodstock es parte de la memoria colectiva, refleja la inocencia de una época, y además de la gran fiesta se plantaron semillas de cosas muy interesantes, como los derechos civiles o la preocupación por el medio ambiente. Quizá la elección de Obama es, precisamente, el resultado de algunas de esas semillas plantadas en ese momento.

¿Qué debe mantener la sociedad actual de la de esa época?
El corazón. Como dice el título original de la película, Taking Woodstock, llevar Woodstock en el corazón. La vida sigue, pero debemos mantener el espíritu de la inocencia y el cambio. Conservar valores como el amor, el compartir, buscar la paz y evitar el egoísmo. E intentar que la música vuelva a ser tan buena como entonces.

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