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miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA DISNEY COMPRO LA CASA DE SPIDERMAN

DISNEY COMPRA A MARVEL

Y así como Disney ya incorporó sin problemas a sus canales televisivos y sus parques temáticos a los personajes de Pixar, es de esperarse que haga lo mismo con los superhéroes y sus supervillanos. Y cuando usufructúe ese derecho, Disney habrá conquistado el segmento de mercado que se le había vuelto más escurridizo: el de los varoncitos con acné. “Ya tienen a los bebés con Mickey, a los escolares con Jack Sparrow, el pirata de Piratas en el Caribe, a las teenagers con Hannah Montana, a los adultos con Miramax y la cadena televisiva ABC, y a casi todos los demás con Pixar. Ahora también hablan el idioma de los nerds.”

La noticia recorrió el mundo y la reacción de los fans no se hizo esperar. Basta leer algunos de los comentarios posteados en el sitio oficial de Marvel: “Ahora vamos a poder ver cosas como Goofy: director de los Superhéroes o El sorprendente Pato-Araña. Esta es la peor venta de todos los tiempos”. Apenas una muestra moderada de los esperables insultos que despertó el anuncio de la compra de Marvel por Disney. La respuesta más común fue la de imaginarse al Ratón Mickey sometiendo sexualmente al Hombre Araña.

Bueno, sí, Marvel se vendió, y muy bien: Disney va a pagar por ella 4 mil millones de dólares. Ahora bien: ¿cuál de los dos hizo negocio?

La explotación a lo largo de los últimos diez años de las licencias cinematográficas de los personajes más famosos de Marvel (X Men, Blade, El Hombre Araña, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Hulk y The Punisher) ha salvado a la compañía de la bancarrota. Con el anuncio de esta semana, sus acciones en Wall Street subieron un 25 por ciento, mientras que las del Ratón bajaron tres puntos. Disney, por su lado, revivió su alicaído departamento de animación hace veinte años, cuando al borde de la desaparición estrenó La Sirenita y refundó su imperio. Luego, de la mano de Pixar, se subió a la nueva ola de animación digital al punto que terminó cerrando su departamento de animación tradicional, y su palacio de fantasía tembló por unos meses cuando pareció que los muchachos de Toy Story se cortaban solos (falsa alarma: arreglaron en 7,4 mil millones). Disney ahora tiene a los Monsters Inc, a Nemo, a Buzz Lightyear, y también al Hombre Araña y los X Men y otros cinco mil personajes, no todos ellos aún explotados ni necesariamente explotables. Sólo que no podrá capitalizarlos de manera inmediata ni exclusiva: Marvel conserva contratos previos con otras compañías (Sony distribuye a perpetuidad las secuelas de El Hombre Araña, por ejemplo, y Paramount tiene las de Iron Man) así que por ahora habrá de compartir ganancias. Pero algún día buena parte de esos acuerdos expirarán y la banda de freaks será toda del Ratón.

Lo que más inquieta a los fans es la potencialidad del cross-over: el cruce de personajes de distintas compañías, todo un evento cada vez que Superman (propiedad de DC Comics) se encuentra con Spiderman (Marvel) o Batman (DC) se va a las manos con El increíble Hulk (Marvel). Lo que, trasladado al nuevo panorama, suena tremendo. La “disneyficación” todo lo puede: si hasta el roedor que alguna vez fue aquel inolvidable aprendiz de brujo, queda hoy reducido a anfitrión de tranquilas fiestas de cumpleaños y eventos afines en un vecindario habitado por su novia, su perro, su amigo pato y demás, y donde hasta su histórico archienemigo, el malvado gato Pete, queda redimido. No cuesta entonces imaginarse a Peter Parker en una situación de intimidad con su novia Mary Jane, ahora imbuida del espíritu de Hannah Montana, cortándole el mambo: “No, Peter, nada de sexo hasta el matrimonio”.

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